Erupciones hidrovolcánicas| El caso White Island, Nueva Zelanda

    En ocasiones, las erupciones relativamente pequeñas son difíciles de predecir, debido a que los mecanismos que las preceden pueden también ser débiles. En caso de que estas erupciones además involucren la presencia de agua, junto con ocurrir de manera intempestiva, pueden generar un impacto energético sobresaliente, aunque generalmente acotado a las cercanías del centro de emisión.

    Hay dos tipos de erupciones que involucran agua como agente catalizador.

    • Erupciones freáticas, que se generan por la transmisión de calor desde el magma al interior del volcán hacia sectores más superficiales saturados en agua, causando una ebullición explosiva y la consecuente ruptura de rocas viejas del edificio volcánico. Estas erupciones no arrojan fragmentos del magma involucrado (llamado juvenil), sino que solo material pre-existente. Un ejemplo chileno son las erupciones recientes del volcán Planchón-Peteroa. 

    Erupción freática de Octubre 2010 en el Complejo Volcánico Planchón Peteroa. Fuente: Jorge Romero. 

     

    • Erupciones hidromagmáticas, en las cuales existe una interacción entre una fuente de agua (superficial o subterránea) y el magma ascendente magma. En ellas se emite una mezcla de abundantes fragmentos de material pre-existente, junto con trozos de nuevo magma. El rol del vapor en expansión, además de los fluidos magmáticos, es muy relevante para fragmentar esas rocas. La energía puede ser muy alta, produciendo tanto partículas gruesas (bloques y bombas), como extremadamente finas (ceniza). Algunos ejemplos nacionales incluyen la erupción del volcán Hudson en 2011, las erupciones de 2012-2017 del volcán Copahue o el inicio del ciclo eruptivo del volcán Chillán en 2016-2017.

    Erupción hidromagmática del volcán Copahue, Diciembre de 2012. Fuente: Eduardo Meriño.

     

    Normalmente, por el bajo volumen de material que involucran, no presentan notorias señales predictivas, tales como deformación, sismicidad o cambios químicos notables, y muchas veces estas pueden no ser interpretadas como indicios de anormalidad. El principal peligro es que, en volcanes turísticos con fácil acceso al cráter, es posible que las personas se acerquen demasiado y puedan salir heridas o perder la vida. Por lejos, el fenómeno más peligroso es la producción de corrientes de gas caliente, cenizas y rocas, por el rápido colapso de las columnas eruptivas. Estas poseen temperaturas suficientes para asfixiar e incinerar organismos vivos. Por otro lado, el impacto de grandes bloques de roca también es un fenómeno de mucho peligro, como pasó en la erupción del volcán Ontake (2014), en la cual fallecieron 63 turistas. Asimismo, se pueden producir impactos en la infraestructura (ej. volcán Aso en Japón, 2015 y erupciones frecuentes de los volcanes Poas y Turrialba en Costa Rica).

    Erupción freática con generación de nube ardiente (oleada piroclástica) en el volcán Ontake, 2014. Fuente: CNN. 

    El volcán Whakaari/White Island, es el volcán más activo de Nueva Zelanda y ha registrado numerosas erupciones freáticas en 2012-2013 y 2016, las cuales han causado eyección de bloques balísticos y nubes ardientes, que en ocasiones han sobrepasado los bordes del cráter. Al momento de la erupción, 47 turistas visitaban el interior del cráter, dentro de los cuales se cuenta una treintena de heridos, 5 fallecidos y al menos 8 desaparecidos, mientras que las autoridades han descartado la posibilidad de encontrar nuevos sobrevivientes. Aparentemente, de nuevo una nube ardiente (oleada piroclástica) habría sido la responsable de la mayor parte de las fatalidades de la que se inscribe como la peor catástrofe volcánica del año. Aún se requiere estudiar mejor el fenómeno para ver si esta erupción es freática o hidromagmática, lo cual podría entregar luces del futuro comportamiento del volcán, sin embargo el área es por ahora, absolutamente peligrosa.

     

    Erupción hidrovolcánica del volcán Whakaari el 8 de Diciembre de 2019. Fuente: Michael Schade. 

     

    Lecturas adicionales

    Alvarado, G. E., Mele, D., Dellino, P., de Moor, J. M., & Avard, G. (2016). Are the ashes from the latest eruptions (2010–2016) at Turrialba volcano (Costa Rica) related to phreatic or phreatomagmatic events?. Journal of Volcanology and Geothermal Research, 327, 407-415.

    Kilgour, G., Gates, S., Kennedy, B., Farquhar, A., McSporran, A., & Asher, C. (2019). Phreatic eruption dynamics derived from deposit analysis: a case study from a small, phreatic eruption from Whakāri/White Island, New Zealand. Earth, Planets and Space71(1), 36.

    Maeno, F., Nakada, S., Oikawa, T., Yoshimoto, M., Komori, J., Ishizuka, Y., ... & Nagai, M. (2016). Reconstruction of a phreatic eruption on 27 September 2014 at Ontake volcano, central Japan, based on proximal pyroclastic density current and fallout deposits. Earth, Planets and Space, 68(1), 82.

    Mastin, L. G., Christiansen, R. L., Thornber, C., Lowenstern, J., & Beeson, M. (2004). What makes hydromagmatic eruptions violent? Some insights from the Keanakāko'i Ash, Kı̄lauea Volcano, Hawai'i. Journal of Volcanology and Geothermal Research, 137(1-3), 15-31.

    Miyabuchi, Y., Iizuka, Y., Hara, C., Yokoo, A., & Ohkura, T. (2018). The September 14, 2015 phreatomagmatic eruption of Nakadake first crater, Aso Volcano, Japan: Eruption sequence inferred from ballistic, pyroclastic density current and fallout deposits. Journal of Volcanology and Geothermal Research, 351, 41-56.

    Sheridan, M. F., & Wohletz, K. H. (1983). Hydrovolcanism: basic considerations and review. Journal of Volcanology and Geothermal Research, 17(1-4), 1-29.

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